“Aquel que después de haber nacido con un cuerpo humano, obtiene el Conocimiento del que hablan los Vedas; si como un necio no hace esfuerzo alguno por obtener la liberación, es como si se suicidase. Ese hombre se labra su propia destrucción apegándose a este mundo irreal y a los objetos transitorios.”

Este fragmento pertenece al Viveka Chudamani, libro de conocimiento védico escrito por el Maestro Sankara. De él nos llama la atención especialmente el uso de la palabra liberación. Se nos advierte de que uno tiene que realizar un esfuerzo para obtener dicha liberación. Si tenemos que liberarnos de algo, es porque estamos previamente encadenados a ese algo, o, por lo menos, de algun modo, privados de libertad en ese sentido. Luego se nos dice sobre ese hombre preso que labra su propia destrucción apegándose a este mundo material, que tilda de irreal y de objetos transitorios. Es esta una característica que define al mundo material, donde todo se presenta como efímero y transitorio, es decir, sujeto al ciclo reiterado de nacimientos y muertes. Este hombre condenado al fracaso es, por lo tanto, un hombre cuyos sentidos se han encadenado a los objetos materiales, destinados a desaparecer tarde o temprano. Eso, -se nos advierte- es un suicidio. No obstante, observamos que esa advertencia va dirigida a aquellos que, habiendo obtenido el Conocimiento de los Vedas, no realizan esfuerzo alguno por salir del burdo estado existencial en el que se encuentran. ¿Y los que no han obtenido conocimiento alguno, qué es de ellos? ¿De qué tenemos que liberarnos exactamente? ¿Cuál es ese conocimiento existente en los Vedas? ¿De qué tratan? Todas estas son algunas cuestiones que inevitablemente nos surgen al respecto y que trataremos de responder, no quizá en toda su extensión en el presente escrito. Si bien, es nuestra intención dejar al menos planteado el tema para posteriores reflexiones.

Aquel que ha indagado en los Vedas(1) y los ha puesto en práctica, puede obtener conocimiento trascendental, es decir, de todo aquello que está más allá de la percepción sensorial. Aquel que comprende que la evidencia sensorial(2) es Maya(3), esto es, una ilusión proveniente de nuestro psiquismo, es un hombre liberado. Muy al contrario, el hombre presa de la ilusión que deviene del apego a los sentidos corporales, se encuentra atado de pies y manos. Para liberarse de semejante estado lamentable, la evidencia trascendental (4) ha de sustituir a la sensorial. El mundo comienza de esta manera a percibirse radicalmente distinto, dado que el apego material, que como una lente de color distorsionaba y coloreaba lo real y verdadero, ha sido superado y sustituído por otros placeres más sutiles, más elevados y de mejor calidad. ¿Es que acaso cambian las formas externas de la realidad que observamos? Obviamente no. Lo que cambia es nuestro estado interno, por decirlo de alguna manera. No obstante, ese contacto con lo trascendente conlleva, como no podría ser de otra manera, una gran responsabilidad. Y es de esta responsabilidad de la que nos advierte el verso; uno ya no puede hacer caso omiso a todo lo que se le viene encima. Una vez el velo de Maya es ligeramente descorrido, uno no puede apartar la mirada y obviar lo que allí encuentra. Esas personas, que no se esfuerzan por seguir descubriendo qué hay más allá, que no realizan un acto de sacrificio o esfuerzo consciente -aún habiendo visto-, esa persona sin duda corre graves peligros. Y éstos no podrán ser otros que los derivados de hundirse más y más en el eterno devenir de formas, colores, sabores, sensaciones, etcétera, provenientes del milagro de esta naturaleza material. Esta naturaleza nuestra, misteriosa y hechicera como ninguna otra, despliega su poderosa ilusión ante todos nosotros, mientras permanecemos atónitos y embriagados ante semejante festín sensorial.

"Al contemplar los objetos de los sentidos, en la persona se desarrolla el apego por ellos, de ese apego nace la lujuria, y de la lujuria surge la ira. De la ira surge la ilusión completa, y de la ilusión, la confusión de la memoria..." (B.G. 2, 62-63)

“Al contemplar los objetos de los sentidos, en la persona se desarrolla el apego por ellos, de ese apego nace la lujuria, y de la lujuria surge la ira. De la ira surge la ilusión completa, y de la ilusión, la confusión de la memoria…” (B.G. 2, 62-63)

Indaguemos por tanto un poco en esta naturaleza material utilizando el conocimiento védico como luz que nos ilumine, pues su contenido es Sanatana Dharma, o sea, Ley eterna. El texto al que nos hemos referido posee el título en español de La Joya del Discernimiento, pues de él uno aprende a discernir entre lo real y verdadero (el espíritu) y lo real pero de carácter ilusorio (la materia). El agente que se esconde detrás de manifestar esa Gran Ilusión no es otro que nuestro propio psiquismo condicionado, cuyo funcionamiento aún está lejos la ciencia moderna de poder aclarar. Son sin duda los Vedas una gran ayuda para aquellos investigadores desapasionados que realmente quieren llegar al fondo del asunto.

Presentamos aquí una serie de reflexiones que pueden ayudar al lector a avanzar en su propio camino hacia el discernimiento. Esperamos sirvan de ayuda y utilidad.

LA FILOSOFíA MATERIAL Y SUS ARISTAS

Desde el punto de vista científico-ortodoxo-académico, no sólo es imposible entender y explicarse el mundo fenoménico sin considerar la consciencia(5) del observador, sino que para entenderlo y poderlo explicar hay que admitir como base y fundamento que:

ES LA CONSCIENCIA LA QUE MANIFIESTA EL MUNDO FENOMÉNICO.
Y que como no puede ser la consciencia participada de cada entidad viviente(6) convertida en observador individual la que lo haga, tiene que ser la CONSCIENCIA TRASCENDENTAL UNIVERSAL la que participe en la realización de la manifestación cósmica perceptual e ilusoria.

La base y fundamento de la Filosofía Materialista es: “Todo es materia” y/o “Todo es dirigido y gobernado por las leyes físicas que se conocen por medio del Método Científico de cognición”.

Como a esta Filosofía Materialista también se la llama la Filosofía de la Objetividad Pura, es necesario comprender que en ella se aceptan dos axiomas con base en la validación de la evidencia sensorial. Ellos nos ofrecen la certeza -que no es más que una suposición que se admite al aceptar que la evidencia sensorial la valida como cierta- de que:

I. Hay una realidad verdadera exterior a nuestros sentidos y a nuestra mente (psiquismo). Realidad que es ajena a nuestra observación y a la presencia o ausencia de los observadores. Así que:

  • Asumimos de esa manera y con esa suposición que la casa que hemos dejado por la mañana al ir a trabajar estará allí de igual modo cuando regresemos.
  • Asumimos que nacimos tal día y que el día en que nacieron nuestros padres es anterior al día de nuestro nacimiento.
  • Asumimos que el empleado estará acabando la tarea que al empezar la jornada de trabajo le encargamos.
  • Asumimos que una bala perdida, un coche con conductor borracho, un terremoto imprevisto, puede acabar con nuestra exitencia, porque acaba con el funcionamiento normal del cuerpo que somos nosotros, o al menos del que dependemos para vivir.
  • Asumimos que podemos hablar, ir, sufrir, gozar, charlar, pensar, descubrir, etc…

II. La suposición de que la realidad externa a los sentidos y a la mente, objetivamente existente e independiente de la observación y los observadores, es esencial para organizar la supervivencia y el desarrollo de la ciencia mecanicista materialista.

Como la ciencia empírica es el descubrimiento y explicación del mundo perceptual como siendo verdadero y objetivamente existente, si asumimos que eso no es así y que sólo habría pensamiento e imágenes provenientes de nuestro propio psiquismo… ¿Para qué existirá la ciencia empírica y los científicos empiristas?

¿Qué significa que la realidad es objetiva y no subjetiva o mental? Objetiva significa que las observaciones, mediciones, experimentos, etcétera, que yo haga pueda hacerlo otra persona con los mismos o parecidos resultados y conclusiones. Una se lo dirá a la otra y la otra a la una, y ambas confirmarán la veracidad de lo conocido.

Así que, es esencial, por un lado, la comunicación y, por otro, el consenso o el acuerdo (Realidad de consenso).

De ese modo, tenemos:

  1. La ciencia ‘física’ supone que la realidad que estudia es sin duda alguna objetiva y externa a las mentes que la observan.
  2. La ciencia ‘psicológica’ supone que la mente del psicólogo puede estudiar las mentes de los demás. Y asume que los datos y resultados que recoge son objetivos porque pueden comunicarse y compararse a y por otras mentes, y porque pueden consensuarse sin problema. Sucede así que la ciencia psicológica se hace una ciencia objetiva, a pesar de que los fenómenos mentales que son necesariamente subjetivos, no pueden ser considerados objetivos.

De esta manera, es curioso que Napoleón dicen que dijo que la historia no es más que una fábula consensuada. No obstante, ¿qué decir si consideramos el caso de quien observa sus propios sentimientos, pensamientos o experiencias sensoriales, con lo cual tendríamos que admitir que la realidad observada es no externa? Sucederá que al comunicarlo o compararlo con los demás, si hay consenso que los valide, se harán objetivos. ¿No utilizamos todos los mismos pasos para resolver una ecuación o un problema matemático? ¿No respondemos todos igual ante un estímulo invasivo que nos pone en peligro de muerte? Por ello decimos que son hechos objetivos, pero no externos.

Sin embargo, ¿quién no acepta, en una mínima reflexión desapasionada, que todas las conclusiones a las que llegamos después de las observaciones-percepciones de la llamada realidad externa, no son sino observaciones-percepciones de nuestras propias experiencias sensoriales? ¡SON TOTALMENTE SUBJETIVAS!

Luego hay que admitir que:

  • Puesto que todas nuestras experiencias son necesariamente subjetivas,
  • No podemos conocer cualquier tipo de realidad objetiva, pues sólo tenemos los medios para conocer realidades subjetivas.
  • Debido a ello es imposible no ya sólo conocer una posible existente realidad objetiva, sino que una cualquiera de ellas que quisiera revelarse a sí misma a través de la observación que de ella tuviéramos, no podría tener éxito. Incluso si pareciera ser objetiva, tendríamos que afirmar la ilusión producida que hace verla objetiva cuando es subjetiva.
  • De ese modo, nunca podríamos probar la existencia de una realidad objetiva. Ni nunca esa realidad subjetiva existente, podría afectar, incidir concientemente, estimular o ser registrada como huella de memoria a nuestras observaciones o conclusiones.

Pero más aún, hay que admitir que:

  • Si no hay ninguna manera de verificar que nuestros sentimientos existen si no estamos observándolos.
  • Si decir que existen en la mente inconsciente es no decir nada mientras no podamos verificarlo,
  • Es una mera suposicón, por tanto, sin base probatoria, afirmar que los sentimientos existen fuera de la observación que los ‘crea’.

Por consiguiente:

  1. La realidad subjetiva externa NO ES una realidad objetivamente existente y ajena a la observación y al observador, por mucho que haya millones de seres que se empeñen en llamarla objetiva.
  2. Suponer que es objetiva y externa, sin que se pueda demostrar, no es una suposición ‘física’, sino a lo más, una suposición ‘metafísica’. Es un AXIOMA (aquello que por lo evidente no necesita explicación, aunque la evidencia sólo sea consensuada y no comprobada).
  3. Los fundamentos de la Ciencia Empírica no son ‘físicos’, sino ‘metafísicos’, aunque de forma terca y sin base se siga diciendo que son físicos.
  4. Y, lo que es más terrible, los fundamentos que basamentan y justifican nuestro actual modo de vivir, de conocer y de definir el mundo cósmico en el que decimos con certeza estar y con el cual nos vinculamos para conseguir la felicidad plena y permanente… ¡SON SÓLO SUPOSICIONES!

En definitiva:
Nos manejamos en el vivir y en el explicar dentro del estadio de la moral, la ética y la religión, todo en base al encuadre de la conciencia psíquica y la evidencia sensorial, donde reinan la suposición, el ‘como si’ psicodramático y La Gran Ilusión.

De esta manera, repetimos, la ciencia materialista puede ser tildada curiosamente de metafísica, puesto que toma como objetiva una realidad que trasciende su impresión primera, que es proyectada por el propio psiquismo y que no tiene modo de ser verificada como real.

Bhaktivedanta Swami Prabhupada nos habla de la condición material en los siguientes términos:

“Según el Visnu Purana, la energía material se denomina avidya, o nesciencia, y se manifiesta en las actividades fruitivas del disfrute sensorial. Pero, aunque el ser viviente tiene la tendencia a quedar ilusionado y atrapado por la energía material en aras del disfrute sensorial, él pertenece a la energía antimaterial, o energía espiritual.”

Y continúa diciendo:

“[…] el ser viviente es la energía positiva, mientras que la materia es la energía negativa. La materia no se desarrolla a menos que esté en contacto con la energía superior espiritual o antimaterial, la cual es directamente parte integral del todo espiritual.”

La evidencia sensorial y la conciencia psíquica, dado su carácter ilusorio, no pueden ser usadas para percibir la consciencia divina trascendental. Para ello debemos desarrollar en nosotros la sensibilidad necesaria como para hacer contacto con las energías sutiles o superiores, que podemos llamar antimateriales, espirituales, divinas, trascendentales o según el término que más se acerque a nuestra comprensión de lo trascendente.

A lo largo de la historia de la humanidad son numerosas las personas que han podido perfeccionarse lo suficiente como para acceder libremente y con plena conciencia despierta a los mundos espirituales y que han podido dar testimonio de ello. Claramente descritos aparecen en la literatura védica estos mundos, como en el Srimad Bhagavatam o en otros Puranas. No se puede decir que la evidencia trascendental no exista o que ella misma sea también Maya. De hecho, es la única herramienta que posee el ser humano precisamente para salir del influjo de Maya. Saber que no somos el cuerpo y emprender el viaje del recuerdo hacia la trascendencia, es el mensaje que descansa oculto detrás de cada mito referente al Héroe Solar y en la búsqueda de la inmortalidad. La realidad proyectada por Maya tiene que ver con la materia, la cual, como ya hemos indicado, posee cualidades radicalmente diferentes a las del espíritu. Para probar su existencia y validez, la persona debe al menos intentar descubrirla por sí misma mediante las recomendaciones y preceptos que aparecen en los textos védicos u otros textos autorizados que traten sobre el tema. Si no se hace un esfuerzo por experimentar esta realidad, mejor es no decir nada al respecto, ya que los individuos que han constatado dicha realidad espiritual son grandísimas personalidades que han tenido evidencia directa y científica de ella.

Existen medios para trascender la evidencia sensorial y desapegarse de los sentidos, los cuales nos mantienen en este enredo material. Estos medios se nos presentan como verdadera tecnología cósmica, la cual puede ser usada verdaderamente para explorar el Cosmos. Desde hace generaciones, los Maestros Espirituales de la India y de otras disciplinas nos han estado advirtiendo sobre la existencia del mundo espiritual. Pocas son las personas que han sabido escucharles con humildad y entendimiento, siguiendo sus preceptos y poniéndose a sus órdenes para recibir una educación superior. Toda esta tecnología aperece perfectamente recogida en la Bhagavad Gita, el cual, posiblemente, sea el texto de conocimiento más elevado que tengamos en nuestro haber.

Es importante dejar de ver estos temas como meras alucinaciones místicas y tratar de entenderlos con la mente abierta y desapasionadamente. No es difícil darse cuenta, con el tiempo, de que al fin y al cabo estamos tratando con energías, a las cuales tenemos que añadirle atributos derivados de que también son consciencia. Si uno es sensato y honesto, pronto se dará cuenta del valor absoluto de los textos védicos y del gran uso que la ciencia moderna puede hacer de ellos.

Seguiremos indagando en estos temas tan importantes en posteriores escritos.

Hare Krishna.

1 Los Vedas son los libros de conocimiento más antiguos que existen en este planeta. Su origen se deriva al comienzo de los tiempos, ya que se dice que este conocimiento fue dado a Brahma, el primer ser creado. En ese sentido es Filosofía o Conocimiento Eterno. Las cuatro escrituras védicas son el Rg Veda, Yajur Veda, Sama Veda y Atharva Veda. Además de todos sus suplementos: Upanisads, Puranas, El Mahabharata y el Vedanta Sutra.

2 Se refiere a toda la información que nos es conocida a través de los órganos de los sentidos (ojos, oídos, nariz, lengua, piel) y que posteriormente es procesada por nuestro psiquismo, donde adquiere una forma según la disposición de éste. En este caso, los objetos de los sentidos serían olor, sabor, forma, sensación del tacto y sonido. Los cinco sentidos de trabajo serían voz, piernas, manos, ano y órgano genital. Por encima de estos sentidos, llamados burdos, se encuentra la mente, la cual está dentro y a la que se puede llamar sentido interno.

3 Término proveniente del sánscrito que significa literalmente ‘aquello que no es, la ilusión’. Bajo su influencia, el alma (jiva-atma) individual se cree ama de la creación y poseedora y beneficiaria suprema. Identificándose de este modo con la energía material, es decir, con el cuerpo (los sentidos), con la mente y con la inteligencia material, y olvidando por ello su condición trascendental. Condicionada por esta energía, la persona se lanza a la búsqueda de los placeres de este mundo y se encadena así cada vez más al ciclo de los reiterados nacimientos y muertes.

4 Se refiere a todo aquello que puede ser captado por los sentidos sutiles (mente, ego, inteligencia) y que se encuentra más allá de la evidencia sensorial. Este esquema de obtención de información no es totalmente conocido por la ciencia moderna occidental, que sólo atiende a la constitución del Yo Inferior (gobernado por los sentidos burdos) y no conoce la realidad del Yo Superior (gobernado por los sentidos sutiles). Ambos estadios del Yo, el burdo y el sutil, son considerados por la literatura védica como el campo de las actividades de la entidad viviente (alma individual espiritual).

5 Se hace necesario saber distinguir entre conciencia y consciencia. La primera -sin ‘s’- se refiere a la conciencia participada o individual, es decir, aquella que dispone cada individuo para poder presentar los síntomas de la vida. Consciencia -con ‘s’- se refiere a la consciencia cósmica Parabrahman. El observador puede tener acceso a ambas y puede interpretar la realidad haciendo uso de una u otra. La primera nos es inmediata; la segunda requiere del proceso de Autorrealización para ser utilizada debidamente. La primera es relativa; la segunda es Absoluta.

6 Nuestro verdadero Yo, púramente energético y espiritual, más allá del ahankara o ego falso. En Occidente es más usado el término Alma, el cual intentamos evitar debido al grado de confusión que conlleva. La Bhagavag Gita define a la entidad viviente de la siguiente manera: “Para la entidad viviente no existe el nacimiento ni la muerte en ningún momento. Ella no ha llegado a ser, no llega a ser y no llegará a ser. Es innaciente, eterna permanente y primordial. No se la mata cuando se mata el cuerpo.” (BG 2,20). Esta entidad viviente es una parte infinitesimal de la Suprema Verdad Absoluta en sus aspectos de Bhagavam-Brahman-Paramatma.