Previo paso a la lectura del documento y para ayudar a su mejor comprensión, aconsejamos realizar la siguiente visualización creativa. Para ello necesitará un sistema de altavoces o auriculares. Colóquese en un lugar cómodo y relájase.

 

 

1. INTRODUCCIÓN

Este ejercicio de visualización nos servirá como metáfora para explicar el aprendizaje y los elementos que intervienen en su proceso de construcción. Todos y cada uno de nosotros hemos venido al mundo tras pasar nueve meses en el vientre de nuestras madres. En él, nuestro propio cuidado no nos suponía responsabilidad alguna. La comida, el agua, el oxígeno, y todo aquello que necesitábamos para sobrevivir era sustentado a través de la matriz materna y nuestra estancia en el útero transcurría plácidamente.

El nacimiento es de por si un hecho doloroso e incómodo para cualquier bebé, como consecuencia de un cambio drástico y repentino de entorno, de hábitat. Súbitamente, el recién nacido se ve desarraigado y desposeído de su hogar, un lugar cálido, agradable y cuyos límites conocía perfectamente. Arrojado a un nuevo espacio, un entorno desconocido surge, y ha de adaptarse a él utilizando por primera vez sus propios recursos internos para sobrevivir. Ante una situación angustiante, de falta de aire, el bebé ha de hacer frente a una sensación nueva y desconocida que emerge en su cuerpo. Su pecho le oprime, le pesa, le duele, la incomodidad se hace presente y la necesidad apremia. De repente aflora el llanto, el aire entra a raudales en sus pulmones. El aprendizaje salta a escena y tiene lugar la respuesta adaptativa. Lo desconocido toma forma, el bebé asimila la nueva información y por primera vez la luz de la consciencia ilumina el escenario de la vida. Está vivo y listo para emprender su desarrollo.

Este proceso de aprendizaje se da como fruto del encuentro entre dos mundos, el organismo y el entorno, ambos aún por desentrañar y descubrir, y tiene lugar en el espacio donde estos mundos se encuentran, la frontera, donde el niño aprende, donde lo nuevo se integra, donde tiene lugar la vida. Allí tendrá lugar la experiencia, donde el organismo crece, crea, rechaza los peligros y elude los obstáculos, donde elige y se adueña de aquello que necesita asimilar en pos de su supervivencia. Véase la siguiente figura 1.

Figura 1

FronteracontactoEl organismo necesita siempre para aprender la interacción con el medio, pues no existe ninguna función orgánica que pueda completarse a sí misma sin elementos del entorno. Esta simple ecuación puede ser verificada al observarnos. Ahora mismo, mientras escribo estas líneas sé que respiro gracias al aire que me rodea y que esta molestia en mis ojos es fruto de la luz de la pantalla; o que este escrito no tiene sentido sin ti, lector. Entorno y organismo son un binomio indisoluble.

Para aprender se ha de estar en contacto permanente con el mundo, vivir su sensorialidad, tocarla. Desde su nacimiento el niño comienza a cimentar su realidad mediante el aprendizaje directo con el mundo y como reacción a él. Es una esponja que absorbe todo lo sensorial que le rodea: colores, formas, tamaños, distancias, sonidos, texturas, etc… Y así se transforma y crece. El niño necesita mirar, tocar, oír y oler el mundo físico, fuente inagotable y primigenia de estímulos. Y todo lo que hay en él -y frente a él- es susceptible de ser asimilado. No aprende en sus primeras fases de desarrollo mediante ideas y abstracciones, sino mediante percepciones, sensaciones, emociones y movimientos que serán la base de un fundamento sólido para elaborar conocimiento complejo y abstracto en las siguientes etapas de desarrollo.

 Frontera.contactoPero para aprender algo, ese algo debe encender nuestra motivación, ese algo debe movilizarnos, resonar en nuestro interior. Debe encender ese fuego que moldea y forja la realidad de todo aquello que se toca, se ve, se oye, se huele y se palpa. Para aprender se requiere de ese estímulo inicial que resulte interesante, atractivo y nuevo. Ese mecanismo mediante el cual nos anclamos a la realidad y le damos sentido a la vida: la emoción.

Basándonos en esto, podemos concluir que crecer aprendiendo es el primer mecanismo que se pone en marcha para adaptarse al medio y desarrollarse con garantías de éxito. Aprender es una de las conductas más instintiva. Aprender es innato, un proceso consustancial a la supervivencia. Poniendo como ejemplo dos acciones tan necesarias y simples en el día a día como son comer y beber, vemos que ambas requieren de un aprendizaje previo.

Es inevitable el surgimiento de una pregunta que nos ayude a desentrañar los elementos constituyentes del aprendizaje:

¿Qué es aquello que pone en marcha el proceso de aprendizaje?

 

 2. EN LAS ENTRAÑAS DEL APRENDIZAJE

     2.1. LA CURIOSIDAD

 Anteriormente comentamos que el organismo vive fundamentalmente asimilando lo que le es útil del entorno para nutrirse, crecer y sobrevivir. Es en el contacto entre estos dos mundos donde se da el aprendizaje. Para ello es necesario que se de un desequilibrio en la relación existente entre ambos (Recuérdese la figura 1). Ante cualquier situación dada, siempre novedosa y susceptible de asimilar, el organismo busca ajustarse al entorno para adaptarse, es decir, siente interés ante un desafío presente y su excitación aumenta hacia la solución futura. Para ello, necesita de un mecanismo que abra la puerta a las nuevas percepciones: la curiosidad. Véase la figura 2.

Figura 2

Crecimiento.curiosidad

Mediante la curiosidad nos descubrimos y resolvemos los conflictos de significado. Estos conflictos son resultado de dicho desequilibrio entre la información nueva percibida del mundo exterior y la información ya existente dentro de nuestros mapas mentales, los cuales representan para nosotros el mundo que ya tenemos creado a partir de vivencias acumuladas. La curiosidad pues, abre la entrada de estos nuevos datos que posteriormente dotarán de un sentido coherente a la relación organismo/entorno mediante los procesos de adaptación y crecimiento. De esta forma el desequilibrio desaparece tras la asimilación y el mapa mental interno -la percepción propia acerca de la realidad- se adecua a los cambios dados entre el organismo y entorno. Es decir, cotejamos constantemente los significados de las nuevas percepciones para ajustarlos creativamente a nuestros mapas mentales. Flexibilizamos lo ya existente para dar entrada a la novedad.

La curiosidad, por lo tanto, es el primer peldaño a subir en la escalera del aprendizaje. Nos impulsa a interactuar con el medio, con los objetos, a saber más, a llegEscalera.aprendizajear al fondo de cada misterio con  el que tropezamos. Es un comportamiento natural de carácter instintivo que poseen la mayor parte de los animales. Es necesaria para engendrar la observación, la exploración y la investigación de todo cuanto nos rodea y sucede.

La curiosidad es en definitiva el mecanismo capaz de detectar la diferencia en la monotonía, es aquello que sobresale sobre el fondo homogéneo provocando en el niño una excitación creciente, llena de implicación. Es una percepción, una imagen que comienza a tomar forma acerca de una realidad sentida y vivida. No obstante, toda implicación y toda respuesta dada a la curiosidad manifestada hacia ciertos estímulos o sensaciones no pueden darse sin la emoción. La curiosidad y la emoción van de la mano. No se concibe la una sin la otra.

 

     2.2. LA EMOCIÓN

La emoción surge como respuesta al desequilibrio entre la ya citada relación existente entre organismo y entorno. La emoción enciende la curiosidad y con ella el interés por el descubrimiento de la novedad que emerge. El término emoción proviene del latín emotĭo y significa “movimiento o impulso”, “excitación”, “aquello que te mueve hacia”, indica movimiento e interacción con el mundo. La emoción nos mantiene despiertos, se encuentra siempre activa, en alerta y nos permite distinguir los estímulos y sensaciones necesarios para nuestra supervivencia.

EomciónSon experiencias complejas y únicas en cada individuo, con una importante función social de adaptación al medio. Pueden ser expresadas de múltiples formas, siendo en todo caso nuestro cuerpo el vehículo de manifestación. Incluyen todos los cambios producidos en el organismo disparados por un amplio abanico de estímulos, ya sean éstos internos o externos.

Su importancia radica en que la información captada por nuestros órganos sensoriales y procesada e interpretada por nuestra mente ya viene impregnada y coloreada por la emoción. Y si el color emocional con el que hemos pintado dicha información es interpretado por nuestro organismo como material favorable para nuestro bienestar y salud, se pone en marcha el fenómeno de la atención, mecanismo encargado de sostener los procesos de aprendizaje.

 

2.3. LA ATENCIÓN

El foco de la atención se enciende tras dispararse el chispazo emocional, el cual ya hemos comentado que va de la mano de la curiosidad. La atención es el foco de luz sobre el escenario de la vida. Es una cualidad perceptiva. Su función es filtrar todos aquellos estímulos que nos asaltan a cada momento para posteriormente evaluarlos por orden de relevancia y prioridad de cara a su aprendizaje.

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La atención es el mecanismo que se requiere para ser consciente de algo, es la focalización sobre un área concreta y a través de la cual se asimila la información. Es estar totalmente despierto y darse cuenta de las cosas y, con ello, alcanzar el conocimiento.

Si observamos detenidamente la siguiente imFoco.oscuridadagen, vemos cómo todo lo iluminado por nuestro foco quedaría dentro del fenómeno de la atención. Todo lo demás es, por tanto, sombra, cuyo contenido quedaría fuera de nuestra consciencia.

Resumiendo: la curiosidad, la emoción y la atención son tres componentes indispensables en los procesos de aprendizaje. Componen un triángulo necesario para que el niño emprenda el camino hacia el conocimiento de sí mismo y del mundo. No obstante, debemos hacer referencia a un elemento que sostiene esta triada unida y para ello debemos responder la siguiente pregunta:

 ¿Qué mantiene activo/encendido el foco sobre el proceso de aprendizaje?

 

2.4. El PRINCIPIO DE PLACER Y LA SEGURIDAD

Es importante tener en cuenta, a la hora de hablar del aprendizaje, el proceso conjunto de evolución del ser humano a lo largo de la historia. Sobrevivir durante el transcurso de miles de años ha supuesto aprender con rudeza de todos aquellos estímulos dolorosos que castigaban el bienestar psicofísico. No aprender de ellos suponía algo peligroso que podía costar la vida en cada momento. Estos recuerdos ancestrales de todo lo que nos hirió e hizo daño quedaron marcados a fuego en nuestros sustratos biológicos, así como también el refuerzo y el placer de todas aquellas respuestas que fortalecían de alguna manera la salud y el bienestar.

El bebé, desde que nace, es puro principio de placer y dirigirá todo estado de excitación hacia el objeto de su satisfacción, con el propósito de adaptarse al medio y sobrevivir. Todo estímulo que el niño asocie e interprete como disgusto será susceptible de ser evitado e invertirá gran parte de su energía disponible para ello.

Por lo tanto, el placer como sustrato biológico es intrínseco a la supervivencia y por ende al acto de aprender. El niño supeditará sus acciones a la satisfacción obtenida antes, durante y después del aprendizaje. De esta forma, si la emoción que emerge en él y que refuerza el papel de la curiosidad es interpretada como placentera, fijará su atención en ella y facilitará la asimilación de lo que está sucediendo. Podrá así generar conocimiento para nutrirse y crecer. El placer es la última máscara que el aprendizaje se coloca para que el niño se conozca a sí mismo y al entorno.

La importancia del principio de placer en los procesos de aprendizaje pone el énfasis en los contextos de seguridad donde el niño se desenvolverá en sus primeras etapas de desarrollo. Aquí el papel de los progenitores o tutores son de suma importancia, pues se convierten en fuente indispensable de un sustrato emocional, seguro y placentero, desde el cual crecer. Un ambiente estable, estimulante y protector ayuda al organismo a construir los pilares sólidos para la enseñanza afectiva.

El niño necesita vivir en una ambiente de seguridad desde el cual apoyarse para ser capaz de enfrentarse a los cambios y afrontar los retos, contratiempos y quehaceres de la vida. La confianza requerida para entrar en contacto con ésta y para potenciar las capacidades y habilidades propias, requiere de la generación de espacios donde el niño no se vea bajo amenazas constantes, es decir, lugares donde se fomente la confianza necesaria para ser, hacer y desarrollarse placenteramente.

Para poder comprender lo expuesto vamos a realizar una sencilla dinámica.

Coja un papel y un bolígrafo. Colóquese cómodo y si le es posible póngase unos auriculares o cascos. A continuación le proporcionamos un archivo de sonido. Escúchelo y vaya escribiendo en la hoja en blanco aquellas palabras relacionadas con las sensaciones, emociones y sentimientos que vayan emergiendo a su consciencia.

Ahora imagínense un niño desarrollándose en un medio ambiente adverso, castigador y estresante. Póngase en su lugar e intenten comprender cómo se sentiría si a cada instante estuviera escuchando en su interior este sonido.

Desarrollarse en espacios donde las amenazas son constantes y difícilmente controlables afecta directamente a los elementos fundamentales constituyentes de los procesos de aprendizaje: la curiosidad, la emoción y la atención. Si todos los estímulos que rodean al niño son interpretados como peligrosos, su curiosidad estará apagada para evitar así vivenciar situaciones de estrés o ansiedad. De esta forma la atención no se fija, sino que se canaliza hacia otros espacios generadores de sensaciones, emociones y pensamientos más fácilmente digeribles. La utilización de la imaginación como evasión es buen ejemplo de ello.

Actualmente en neurociencia se ha demostrado que existe un aumento de la hormona del cortisol en niños que viven en ambientes desestructurados. El efecto de esta hormona, asociada al estrés, incide directamente en los circuitos neuronales de la amígdala y del hipocampo y tiene consecuencias directas en el desarrollo de los procesos emocionales, cognitivos, de aprendizaje, memoria y en la maduración de los mecanismos corticales neuronales de inhibición cuyo deterioro y retraso pueden general impulsividad.

Se ha de tener en cuenta que esta sensación de peligro puede aparecer en niños que viven aparentemente en un medio ambiente óptimo y saludable. Cualquier agente externo o interno puede desencadenar una incoherencia en la respuesta adaptativa y provocar estrés y ansiedad ante la imposibilidad de encontrar el equilibrio, la seguridad y el placer necesario para la construcción de andamiajes sólidos con los cuales edificar el conocimiento propio.

Un ejemplo de ello lo tenemos en el niño que vive dentro de un ambiente donde el afecto está supeditado al comportamiento. Esto puede ser interpretado como una amenaza y generarle duda acerca del amor al considerar un gasto de energía excesivo el tener que amoldarse a las exigencias externas. De esta manera toda espontaneidad y naturalidad queda inhibida en pos de satisfacer dicha exigencia.

 

     2.5. EL DARSE CUENTA: SIN LA EMOCIÓN ESTAMOS CIEGOS

El “darse cuenta” es la consciencia de lo que se siente, aquí y ahora, en un entorno dado, siempre y cuando se toquen los tres niveles del organismo: físico, afectivo y mental. Mediante este proceso llegamos al autoconocimiento y se hace necesario para saber qué percibimos y sentimos. Nos ayuda a discriminar qué es aquello que esta ocurriendo: sensación, emoción o pensamiento. Mediante el darse cuenta somos conscientes de nosotros mismos, de las situaciones que nos producen placer o displacer, de cómo hacer las cosas, de nuestras potencialidades y recursos, y sobre todo de la responsabilidad y consecuencias de nuestros actos. En esta medida abrimos la posibilidad de modificar nuestras conductas para adecuarnos a las respuestas que el entorno requiere, posibilitando así un mayor nivel de adaptación a las diferentes situaciones vitales. Nos damos cuenta de qué aprendemos, cómo lo aprendemos y para qué aprendemos.

Pero para ello, el niño ha de experimentar una vivencia concreta que estimule y ponga en marcha la emoción. La emoción activa la propia dinámica interna que ayuda a descodificar la información proveniente del organismo y del entorno, ayudando a articular la respuesta adaptativa más adecuada. Sin ella estamos ciegos. Pongamos un ejemplo.

Un padre observa que su hijo despilfarra la paga semanal que tiene asignada. Comprueba que es incapaz de gestionar proporcionalmente el estipendio recibido haciendo gatos absurdos. Como consecuencia los fines de semana ya no le queda dinero y de nuevo acude a él para poder llenar de nuevos sus arcas. Cansado, el padre decide hablar con él e intenta hacerle ver el trabajo que cuesta ganar un sueldo con la siguiente frase:

 -¡Niño, tu sabes lo que cuesta ganar el dinero¡

Difícilmente el padre podrá darse a entender. Para ver algo, no sólo basta con que nos lo expliquen, sino que además debemos haber vivido una experiencia previa parecida que haya generado en nosotros la emoción que posibilite resonar con la explicación recibida. La empatía solo puede darse a través de las sensaciones, emociones, sentimientos y pensamientos propios, y sólo a través de ellos podemos ponernos en el lugar de los demás.

No podemos pretender que los niños “suban” a nosotros, es decir, todo adulto tiene acumulado un sin fin de experiencias como resultado del encuentro durante años con la vida. Intentar enseñar a los niños utilizando como única herramienta la razón es una tarea de titanes, pues como hemos visto a lo largo de este texto, todo aprendizaje requiere de la vivencia directa con el entorno para así poder articular y asimilar el conocimiento propio y del mundo.

 

3. CONCLUSIONES

Hoy día ya existen investigaciones acerca de la importancia de la emoción como elemento indispensable en los procesos de aprendizaje. Para que el niño aprenda algo, ese algo debe motivarle, resonar con él para así detonar los elementos que hemos desgranado a lo largo del texto. El hecho de que usted esté leyendo ahora mismo estas líneas es un buen ejemplo, pues seguramente hubiera dejado de leer si la información que contiene este escrito le hubiera resultado aburrida, pesada o le hubiera causado desánimo. Ya hemos visto que para aprender se requiere de un estímulo inicial que detone la emoción, el interés por la novedad.

Para el niño aprender jugando es el mejor método para alcanzar el conocimiento. El juego es un invento poderoso de la naturaleza, es un instrumento que combina la curiosidad con el placer. Combina la comunicación simultánea entre las áreas sensoriales y motoras posibilitando una construcción sólida del mundo cognitivo. Jugar es un medio, una excusa a través de la cual se aprende, porque cada percepción, seguida de un acto motor, es siempre nueva, sobresale de la anterior y refuerza así la curiosidad. Basta con observar a los niños jugando en un parque para darse cuenta del ensimismamiento en el que caen. La emoción, la atención y el placer se ponen al servicio del aprendizaje gracias a esta poderosa herramienta que la evolución nos ha regalado.

Es de suma importancia entender el duro trámite que le supone al niño enfrentarse a la escolarización. Desde muy temprana edad son introducidos en entornos reducidos. Pequeños espacios de rigor y seriedad donde se les enseña ideas y conceptos mediante metodologías alejadas de los estímulos facilitadores del aprendizaje que el juego pone en marcha y que son la base de la curiosidad, la emoción y la atención. Hemos olvidado que aprender correctamente en los primeras etapas de desarrollo necesita de la espontaneidad y el placer.

Los altos niveles de abstracción y complejidad que impregnan los currículum escolares han olvidado la importancia del conocimiento surgido mediante el juego en primeras etapas de desarrollo, como proceso indispensable y previo, a la adquisición de aprendizajes de alto calado intelectual y social. Este olvido, es fuente de desasosiego y desinterés en los niños, y una de las grandes causas del fracaso escolar.

Concluyendo, los métodos de enseñanza deben estar siempre adaptados a la alegría, al placer y no sustentados en estímulos que promuevan el castigo, la competencia, la exclusión, la jerarquía, el juicio o el miedo… Y para ello la emoción debe tomar protagonismo como eje principal en los procesos de aprendizaje, pues es ella el motor que nos ancla a la vida al movilizar nuestras ansias por conocer y desentrañar aquello que somos dentro del mundo que nos rodea.

4. BIBLIOGRAFÍA

  • Perls, Fritz. “Terapia Gestalt: Excitación y crecimiento de la personalidad humana”. : LA SOCIEDAD DE CULTURA VALLE-INCLAN
  • Mora, Francisco. “Neuroeducacion”.Ed.: Alianza Editorial
  • Pierret, Georges. “La Terapia Gestalt: Su practica en la vida cotidiana.” Ed.: Dilema.
  • Damásio, António. “En busca de Spinoza: neurobiología de la emoción y los sentimientos.”: Ed.: Crítica.

 

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